La selección
de Gales acaba de conseguir, tal vez, la más grande hazaña en su historia
futbolística: llegaron hasta la semifinal de su primera Eurocopa y, a pesar de
no lograr clasificar a la final, enamoraron al mundo con una clara idea de
juego, y una adaptación de la estrategia acorde a cada partido, gracias a su
director técnico, Chris Coleman.
Uno habla de
Gales y su historia en el mundo del fútbol y desconoce muchas cosas. “Gales
está para otros deportes, como el rugby” dicen algunos. Otros, un poco más
informados, recuerdan a la selección mundialista de Suecia 1958 que llegó hasta
Cuartos de Final de dicho certamen, siendo eliminados por la futura campeona
del torneo, Brasil, de la mano de un joven Pelé. Pero
otros, en cambio, recuerdan individualidades a través de los años de la
selección galesa en el campo, en los que destacan: Neville Southall, ganador de
la Liga Inglesa con el Everton en 1985 y 1986, además de ser el segundo jugador
con más participaciones en selección; el gran Ian Rush, Bota de Oro 1984 y
tercer máximo anotador del Liverpool; Craig
Bellamy, revelación del 2002 y goleador con el Liverpool; o la leyenda
viva del Manchester United, “el soldado” Ryan Giggs, el deportista más laureado
en la historia con 36 títulos.
Pero en la
actualidad, existe un dragón galés, un jugador que cargó con el peso de heredar
aquel dorsal ‘11’ en la selección,
justamente de Giggs, y que condujo a “the dragons” a éstas instancias de la
Eurocopa, en su primera clasificación. Dicho jugador es Gareth Frank Bale.
Después de
todo lo hecho, no creo que alguien discuta que el jugador del Real Madrid ha
hecho historia, pero ¿es Gareth Bale el jugador más importante de todos los
tiempos en Gales?
Para muchos,
los fanáticos de aquel Manchester United que campeonaba todo lo que se le
pusiera al frente, de la mano de Alex Ferguson, ese ‘título’ lo ostenta Ryan
Giggs. Sin embargo, desde Anfield vociferan que Ian Rush, ídolo en la ciudad de
los Beatles debería ser el indicado. Y no es para menos, es el que más anotó a
su clásico rival, el Everton, con 25 tantos.
“¿Gareth
Bale? ¿Aquel jovenzuelo ‘sobrevalorado’ que no ganó ningún título en Inglaterra
y aún así fue el traspaso más costoso de la historia? Es una falta de respeto
el apenas mencionarlo”. Pues no. Tal vez, a su corta edad, es algo anticipado
ponerlo como el más importante, pero ha conseguido algo que ninguno de los ya
mencionados anteriormente pudo lograr.
Es cierto, el
no fue el único que remó hacia el mismo lado para lograr dicha hazaña. Aaron
Ramsey también fue pieza clave de la escuadra, al igual que el capitán Ashley
Williams, o el mismo Joe Allen. En cambio Giggs no tenía compañía de tanto peso
futbolístico en su mejor época, al igual que Rush. Pero la diferencia es lo que
transmite el hombre de la coleta a sus compañeros. Ese liderazgo, cambiarle la
mentalidad al equipo, metiéndoles en la cabeza que pueden jugar un partido de
igual a igual con quien sea, y no sentirse menos que nadie, con una cinta de
capitán que no es física, pero que la lleva tatuada en el brazo.

Es que Bale
no es el mismo jugador con la piel blanca del Real Madrid, que con la ‘roja’ de
Gales, con ésta última se convierte en un dragón que hace fuego por la boca y
fútbol con los pies, un dragón que llevó a su equipo a la clasificación de la
Eurocopa 2016, y cuando cualquiera pensaba que se contentarían con eso, los condujo
a ser líder de su grupo y a ser uno de los cuatro primeros del campeonato. Y no
se sorprendan si es que clasifican a Rusia 2018, ya que con esa mentalidad
ganadora que disponen, no van a parar hasta lograrlo.
A Bale le falta ponerse los guantes y jugar de portero también.— Emil Sorel (@EmilSorel) 6 de julio de 2016
Ese es Gareth
Bale, el que lucha el último balón en el minuto 93’ a pesar de ir perdiendo 0-2,
como si el resultado aún tuviera solución; el que, aún acalambrado, saca el
balón de su área para empujar al equipo hacia la portería contraria. Un jugador
todoterreno que se potencia con la casaquilla de su país, y que por eso y más,
llega a ser el más importante en mi opinión. Razones sobran, y años para seguir
argumentando, también.

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